ANÁLISIS
Hace más de 20 años, La Pasión de Cristo llegó a los cines estadounidenses y obligó a una cultura familiarizada con la historia de Jesús a reconsiderar su postura sobre la cruz. Ahora la película ha vuelto a las salas, pero Estados Unidos ya no es el mismo país de entonces.
Una generación ha crecido sin el vocabulario cristiano que las generaciones anteriores daban por sentado, y para muchos jóvenes estadounidenses, esto no será un regreso a una historia que recuerdan, sino su primer encuentro con ella.
Durante generaciones, los estadounidenses pudieron rechazar el cristianismo sin dejar de comprender sus principios fundamentales. Sabían quién era Jesús. Conocían la historia de la cruz. Sabían lo que significaba la Pascua.
El cristianismo formaba parte del vocabulario cultural del país, incluso para aquellos que no creían en él.
Esa suposición está desapareciendo.
A veces hemos confundido la familiaridad cultural con la fe. Hemos asumido que, por conocer el vocabulario del cristianismo, la gente comprendía la verdad que encierra. Pero conocer la historia no es lo mismo que creerla, y la familiaridad con la cultura cristiana no es lo mismo que conocer a Cristo.
Quizás la desaparición de esa familiaridad no sea del todo mala noticia. Cuando el cristianismo deja de ser algo que la gente simplemente hereda como parte de la cultura, los cristianos tenemos que hacer algo que deberíamos haber estado haciendo desde siempre: comunicar el Evangelio con claridad a cada generación.
Por eso es importante el regreso de La Pasión de Cristo .
La película presenta la afirmación central del cristianismo a un público que quizás no la conozca bien: Jesucristo fue a la cruz por los pecados de la humanidad y resucitó. Esta afirmación ha marcado la historia durante 2000 años, pero la historia por sí sola no convierte a nadie en cristiano. Cada generación debe experimentar el Evangelio por sí misma.
Un joven sentado hoy en un cine puede saber muy poco sobre la Biblia. Quizás nunca haya asistido a la iglesia. Quizás haya crecido escuchando hablar del cristianismo más a menudo en discusiones en redes sociales que de los propios cristianos. Entonces, puede ver la historia de Jesús en la pantalla y empezar a hacerse preguntas: ¿Quién era este hombre? ¿Por qué sufrió voluntariamente? ¿Por qué importa su muerte? ¿Por qué sus seguidores creyeron que resucitó?
Vale la pena plantear esas preguntas, y la Iglesia debería acogerlas con agrado.
Debemos dejar de asumir que la próxima generación heredará la fe cristiana simplemente porque las generaciones anteriores lo hicieron. La fe no se transmite automáticamente, ni tampoco la comprensión bíblica. Cada generación necesita escuchar el Evangelio, considerar sus enseñanzas y decidir qué hará con ellas.
Aquí es donde los medios de comunicación cristianos tienen un papel importante que desempeñar.
El panorama de la comunicación ha cambiado drásticamente desde la primera aparición de La Pasión de Cristo . Una generación que antes se reunía en torno a la televisión ahora se mueve entre plataformas de streaming, podcasts, redes sociales, teléfonos inteligentes e inteligencia artificial. Las plataformas son diferentes, los hábitos son diferentes y la audiencia es diferente. La misión sigue siendo la misma.
Los cristianos estamos llamados a comunicar la verdad dondequiera que haya gente dispuesta a escuchar. Esto no significa adaptar el Evangelio a la cultura, sino negarnos a que los cambios culturales determinen si lo comunicamos o no.
Una película puede llegar a alguien que jamás entraría en una iglesia. Un podcast puede llegar a alguien que jamás leería una Biblia. Una conversación en línea puede plantearle a alguien una pregunta que nunca se había hecho. Debemos usar todos los medios disponibles para comunicar un mensaje inmutable.
El regreso de La Pasión de Cristo ofrece a los cristianos una oportunidad única para reflexionar sobre qué sucede cuando una historia conocida vuelve a ser desconocida. Para quienes ya creen, la película puede recordarnos el precio de nuestra salvación. Para quienes no creen, puede plantear preguntas que nunca antes se habían planteado seriamente.
La cruz no necesita ser actualizada para la Generación Z. Jesús no necesita ser reinventado para ser relevante. El Evangelio no necesita ponerse de moda. Pero esta generación sí necesita la oportunidad de conocerlo.
Durante demasiado tiempo, nos hemos valido de la familiaridad cultural para transmitir un mensaje que siempre debió proclamarse. Ahora que esa familiaridad se desvanece, tenemos dos opciones: lamentarnos por lo perdido o reconocer la oportunidad que se nos presenta.
El regreso de La Pasión de Cristo es más que una película que vuelve a las salas de cine. Es un recordatorio de que la historia de Jesús no puede transmitirse indefinidamente a través de la cultura. Debe comunicarse de generación en generación.
Una generación está a punto de ver la cruz por primera vez. Asegurémonos de estar preparados para explicarles por qué es importante.

