Presidente de la Alianza Evangélica Latina revela cómo la iglesia pasó de ser el 1% a transformar un continente

Presidente de la Alianza Evangélica Latina revela cómo la iglesia pasó de ser el 1% a transformar un continente

07-30-2026
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En una conferencia celebrada esta mañana en la Universidad Evangélica de El Salvador, Juan Cruz Cellamare, presidente de la Alianza Evangélica Latina, presentó un recuento sin precedentes del avance evangélico en América Latina — y un llamado igualmente directo a los desafíos que la iglesia aún debe enfrentar. 

De 1% a más del 20% en un siglo 

Los números que Cellamare presentó son difíciles de dimensionar. Según investigaciones del Pew Research Center, en 1910 cerca del 94% de los latinoamericanos se identificaban como católicos y apenas el 1% como protestantes o evangélicos. Hoy esa proporción evangélica supera el 20% del continente. 

En países como Guatemala, Honduras y El Salvador la población católica ya es menos de la mitad de los habitantes. En Brasil, uno de cada cinco ciudadanos es evangélico. En Nicaragua, uno de cada cuatro. "Esto no es una moda pasajera ni un fenómeno sociológico aislado", dijo Cellamare. "Es el fruto visible de generaciones de siembra, oración y fidelidad de miles de iglesias locales, muchas veces sin recursos, sin reconocimiento y sin ayuda del Estado." 

De campo receptor a fuerza enviadora 

Uno de los datos más impactantes del discurso fue el giro misionero de América Latina. En 1980 había apenas 92 organizaciones latinoamericanas enviando alrededor de 1,120 misioneros al campo. Hoy se estima que hay más de 26,000 misioneros latinoamericanos sirviendo transculturalmente alrededor del mundo — un crecimiento que en algunas mediciones supera el 300% desde el año 2000. Brasil por sí solo ha llegado a enviar más de 30,000 obreros al campo misionero mundial. 

"El gigante dormido, como algunos lo llamaron, está despierto", afirmó Cellamare. 

Una iglesia presente en cada crisis 

El presidente de la AEL también destacó el rol de la iglesia evangélica en momentos de catástrofe. Cuando los sistemas de salud colapsaron durante la pandemia, cuando terremotos, huracanes e inundaciones golpearon comunidades enteras, fueron las iglesias locales las primeras en llegar con comida, oración y acompañamiento — muchas veces antes que cualquier institución de gobierno. 

"El aporte de la Iglesia en ayuda humanitaria, capellanías, colegios, trabajo carcelario, prevención del abuso y las adicciones es sencillamente incalculable", dijo. "Ninguna estadística puede medir cuántas familias se han mantenido unidas o cuántos jóvenes han sido rescatados de las drogas gracias a la obra silenciosa de la Iglesia local." 

Los desafíos que no se pueden ignorar 

Pero el discurso no fue solo de celebración. Cellamare fue directo al señalar cinco desafíos urgentes para la iglesia latinoamericana: 

El primero es el discipulado profundo — no solo convertir, sino formar. El segundo es seguir trabajando activamente en la defensa de la libertad religiosa. El tercero, quizás el más delicado, es la relación con la clase política: "La Iglesia está llamada a ser sal y luz, voz profética, no un actor que busca poder político para sí misma." 

El cuarto desafío fue uno que pocos líderes se atreven a nombrar en público: la transparencia financiera y el peligro del narcotráfico. "Debemos tener sumo cuidado de que el narcotráfico y el crimen organizado no utilicen a las iglesias para lavado de dinero, algo que amenaza directamente el testimonio de la Iglesia ante la sociedad", advirtió. 

El quinto fue la unidad: "Debemos seguir trabajando a favor de la unidad, encontrando los puntos en común que nos unen por encima de nuestras diferencias denominacionales." 

Un llamado a las alianzas nacionales 

Cellamare cerró con una exhortación práctica a los líderes de las alianzas evangélicas de cada nación: profesionalizar sus estructuras, actualizar sus estatutos, impulsar espacios de oración e intercesión con la sociedad, y documentar el aporte histórico de la iglesia en cada país. 

"Que el Señor nos encuentre fieles, no solo en el avance, sino también en el desafío. Que Su Iglesia en cada nación de nuestro continente siga siendo luz que no se apaga y sal que no pierde su sabor."