La violencia que golpea a la región del Catatumbo, en el departamento de Norte de Santander, volvió a cobrar víctimas civiles tras un ataque con dron explosivo que impactó una iglesia cristiana ubicada en el sector conocido como Kilómetro 25, entre Tibú y La Gabarra. El hecho ocurrió en medio de enfrentamientos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidencias de las FARC.
Según informó Luis Fernando Niño López, consejero de Paz y Reconciliación de la Gobernación de Norte de Santander, el dron cayó sobre el templo cristiano, que también servía como vivienda para la familia pastoral. Como consecuencia, falleció un menor de 12 años y resultaron heridas cuatro personas adultas y tres menores de edad, entre ellos un joven de 17 años con lesiones graves y una niña de apenas dos años.
Las autoridades explicaron que el ataque ocurrió mientras los grupos armados intercambiaban disparos y utilizaban drones con explosivos en una zona donde la población civil permanece expuesta al conflicto. De acuerdo con el funcionario, los artefactos son empleados de manera indiscriminada y representan una grave violación al Derecho Internacional Humanitario, ya que no distinguen entre combatientes y civiles.
Afortunadamente, en el momento del impacto no se estaba celebrando un servicio religioso. Líderes locales señalaron que la tragedia pudo haber sido mucho mayor si decenas de creyentes hubieran estado reunidos en oración dentro del templo. La comunidad cristiana de la zona permanece consternada y en estado de alerta ante el incremento de la violencia.
La crisis humanitaria en el Catatumbo continúa agravándose. Desde enero de 2025, más de 200 personas han sido asesinadas y alrededor de 111 mil han sido desplazadas por la confrontación armada, mientras miles permanecen confinadas en sus comunidades. Además, durante 2026 se han registrado más de 80 incidentes relacionados con el uso de drones en el conflicto.
Niño López afirmó que iglesias, líderes religiosos y organizaciones sociales siguen promoviendo iniciativas de paz en medio de la crisis. Sin embargo, lamentó que ni los templos ni los líderes comunitarios estén siendo respetados por los actores armados, pese a las protecciones establecidas por el derecho internacional.
Mientras las autoridades buscan fortalecer las medidas de protección para la población civil, las iglesias continúan elevando oraciones por el fin de la violencia y por consuelo para las familias afectadas. En medio del dolor, la comunidad cristiana mantiene viva la esperanza de que la paz pueda prevalecer sobre el conflicto que desde hace meses golpea esta región de Colombia.

