Desde lo profundo de la Amazonía ecuatoriana, Isaac y Belén han dedicado su vida a compartir el Evangelio entre comunidades indígenas y sectores vulnerables, llevando no solo ayuda espiritual, sino también acompañamiento humano, arte, educación y esperanza.
La pareja, que lidera el proyecto “Familias en las Amazonías de Ecuador”, relató durante una entrevista cómo Dios fue guiando sus vidas hacia el campo misionero. Isaac, originario de Ecuador, explicó que desde niño fue involucrado en actividades misioneras por influencia de su padre y su iglesia local. Belén, nacida en Chile, creció en una familia pastoral y llegó a Ecuador junto a sus padres después de que ellos sintieran un llamado misionero hacia pueblos indígenas del país.
Con el paso de los años, ambos coincidieron sirviendo en misiones y descubrieron una pasión compartida por las comunidades amazónicas. Además de su trabajo evangelístico, utilizan el arte como herramienta de conexión cultural: Belén enseña canto y danza, mientras Isaac desarrolla obras pictóricas inspiradas en rostros de niños indígenas.
Aunque recibieron propuestas ministeriales en lugares más cómodos y con mayores oportunidades, aseguran que sintieron un llamado específico a servir donde existiera más necesidad espiritual y humana.
“Le dijimos sí al Señor, no a la comodidad”, expresó Belén al recordar el momento en que decidieron trasladarse a la selva ecuatoriana. Según contaron, el trabajo misionero transcultural les ha enseñado la importancia del respeto, la humildad y el aprendizaje mutuo con las comunidades indígenas.
Durante sus primeros años trabajando con comunidades Shuar, comprendieron que el Evangelio debía reflejarse primero a través del testimonio de vida antes que mediante discursos. Aprendieron costumbres, alimentos e incluso aspectos del idioma local, construyendo relaciones de confianza con las familias.
La pareja también compartió algunos de los desafíos enfrentados durante más de diez años de servicio en la Amazonía. Han vivido situaciones de riesgo, enfermedades y momentos de escasez económica, pero afirman haber experimentado constantemente la provisión de Dios a través de las propias comunidades.
Isaac recordó que, en varias ocasiones, familias indígenas les entregaban alimentos cosechados en sus sembríos como muestra de gratitud y apoyo. “Nunca nos faltó alimento en la mesa”, afirmó.
Uno de los momentos más difíciles ocurrió cuando su hija mayor enfermó de hepatitis mientras realizaban campañas de evangelización y prevención de violencia en escuelas rurales. Sin embargo, aseguran que la ayuda de familiares, iglesias y hermanos en la fe les permitió continuar adelante.
También narraron experiencias impactantes dentro de las comunidades amazónicas, como jornadas de oración en medio de la madrugada, personas enfermas que encontraron paz espiritual antes de morir y familias enteras que decidieron acercarse a Cristo.
Para Isaac, uno de los mayores milagros ha sido ver a niños aprender a leer utilizando Biblias ilustradas y observar cómo el mensaje del Evangelio transforma hogares completos. “Ver a una madre emocionarse porque su hijo aprendió a leer con una Biblia fue algo que marcó nuestro corazón”, comentó.
Belén, por su parte, recordó un encuentro masivo organizado por entidades gubernamentales en Ecuador, donde tuvo la oportunidad de compartir públicamente sobre el valor de la mujer desde una perspectiva cristiana. Según relató, varias asistentes decidieron acercarse a la fe después de escuchar el mensaje.
Actualmente, además de continuar con su labor evangelística, la pareja cría a sus dos hijas dentro del contexto misionero, enseñándoles una vida sencilla basada en la fe, el servicio y la generosidad.
Al reflexionar sobre su experiencia, ambos coincidieron en que la misión les ha permitido conocer a Dios tanto en lo sobrenatural como en la sencillez de la vida cotidiana. “Ser misionero es tomar la Palabra de Dios y vivirla”, expresó Belén.
A pesar de las dificultades, la familia asegura que seguirá llevando esperanza a comunidades olvidadas de la Amazonía, convencidos de que el amor de Cristo puede restaurar vidas, sanar heridas y transformar generaciones enteras.

