Una reflexion cristiana sobre el Descubrimiento de America
(Click here for English) Creo que es importante tener una perspectiva mesurada, espiritual y bien informada sobre Cristóbal Colón. He leído mucha “desinformación” sobre el navegante genovés, el cual ha sido objeto de gran ataque, porque su sólo nombre evoca todo lo que ocurrió a partir de su Descubrimiento.
Históricamente Colón ha sido un personaje admirado por haber comprobado que era posible alcanzar el este navegando hacia el oeste y en el proceso por haber descubierto todo un continente cuya existencia la mayoría de los europeos desconocía. Su viaje permitió comprobar no la redondez, sino el tamaño del globo terráqueo. El persistente mito de que los europeos aún creían que la tierra era chata es una fantasía literaria de Washington Irving. Los europeos sabían que la tierra era redonda desde el siglo III antes de Cristo, cuando Ertasthótenes lo afirmó y su compatriota Ptolomeo aventuró una medida de la circunferencia de la tierra bastante menor que la real, que fue la que asumió Colón. Lo que Colón añadió fue su determinación de cumplir la Gran Comisión y su fé en obedecer la urgencia del Espíritu Santo, tal cual él mismo lo confesó.
Muchos hoy en día le achacan injustamente a Colón todas las consecuencias de la Conquista y la Colonización Española. De hecho, Colón denunció el abuso sexual de los indígenas en varias cartas, y pidió repetidamente más personal religioso para reformar la mala conducta de los españoles. Fue precisamente su esfuerzo por imponer orden en la desordenada y rebelde colonia de La Hispaniola lo que causó que lo acusaran falsamente y lo enviaran a España en cadenas. Colón no sólo no se aprovechó de las indígenas desnudas, sino que hizo vestir y devolver a sus padres a una adolescente que le “regalaron” como ofrenda de paz.
Para los cristianos, la hazaña de Colón significa un paso sin igual hacia el cumplimiento de la Gran Comisión. Cristóbal Colón insistió que esta era su misión ante los Reyes Católicos, en su primera entrevista en la ciudad de Granada, en su carta introductoria del Diario de Navegación de su primer viaje y de su Libro de las Profecías. De hecho, en ese libro, el único que se conserva escrito de puño y letra por Colón y tres frailes amigos, él documenta que fue el Espíritu Santo quien lo instigó a emprender su famoso viaje, para que el Evangelio fuera predicado hasta los confines de la tierra. En sus 84 folios Colón respalda su argumento con más de 80 pasajes bíblicos y hace otras 108 referencias indirectas a la Sagrada Escritura.
Colón fue indudablemente un cristiano de fé viva, como lo demuestran varios pasajes de sus escritos y su apego a la iglesia de su época (Colón murió en 1506, once años antes que Lutero clavase las 95 Tesis dando comienzo a la Reforma). Sus mejores amigos fueron varios frailes, siendo él mismo un Terciario de la Orden Franciscana, con cuyo hábito fue sepultado.
Colón no fue un cristiano del todo ejemplar. Uno de sus errores fue hacer vida conyugal sin beneficio de matrimonio con Doña Beatriz Hernandez con quien tuvo su hijo Fernando. Esta conducta, que contradice la costumbre de Colón de vivir en conventos después que enviudó, se entiende porque los españoles de su época sólo se casaban con mujeres de estatus social superior, para mejorar el propio.
Otra falla moral de Colón fue prometer vigorosamente el botín de América como una escusa para financiar sus otras tres expediciones. Uno de los retos que enfrentó Colón fue cómo financiar su Empresa de las Indias. Por tanto, adoptó el lenguaje y las motivaciones de sus financiadores. Sus afanes no le trajeron riqueza personal. No vaciló en traer 1,200 indígenas para venderlos como esclavos en Europa. La Reina Isabella dijo: “¿Quién es él para tratar así a mis súbditos?” y ordenó que los indios fuesen devueltos “exactamente a los lugares de donde habían sido tomados.” Y la Corona nunca le pagó un maravedí de la porción que le tocaba. Como rezaba el libro de historia de mi niñez, “Colón murió pobre y olvidado en Valladolid.”
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